ARTÍCULO 

Casares y su vinculación con la tierra asturiana

14 de marzo de 2022. Eduardo Sierra Casares

   

Dentro de la faceta familiar de Julio Casares, existe un capítulo poco conocido, abarcando una etapa importante de su vida, y relacionado con su vinculación y la de posteriores generaciones a la tierra asturiana.

Basándome en las vivencias y recuerdos que mi madre me trasmitió de aquellos años, así como en las investigaciones que he realizado sobre los escritos personales de mi abuelo y otros familiares cercanos en esa época, intentaré reflejar las circunstancias que  llevaron a la familia Casares a su vínculo con la tierra asturiana. 

 

Su primer hogar en Arturo Soria

Sus dos hijos primogénitos, Guillermo y  María Teresa.

En 1900 un joven Casares, después de su destino en la Legación Española en Tokio, accede por oposición a la edad de 23 años a la carrera diplomática, siendo destinado al Ministerio de Estado, con  la categoría de Intérprete de Lenguas. Julio Casares y Maria Koehler contraen matrimonio eclesiástico en 1902, revocando el casamiento por poderes formalizado durante el destino de Casares en el Japón.

El matrimonio vive al principio en un piso de alquiler del barrio madrileño de Prosperidad y asiste al nacimiento de sus dos primeros hijos, el primogénito Guillermo, en 1904, y Maria Teresa, en 1906.

Su buen amigo, el insigne arquitecto Arturo Soria, está comenzando a realizar su novedoso proyecto de la Ciudad Lineal en la zona norte de Madrid, para poder ofrecer la posibilidad de tener una vivienda unifamiliar fuera de la gran ciudad, con un pequeño terreno.

La idea seduce a Julio y María, adquiriendo dos parcelas, sobre las que en 1907 comienzan a construir la casa familiar. En los años siguientes, hasta el comienzo  de la guerra civil, la familia sufre la dolorosa pérdida de sus dos primeros hijos, el primogénito Guillermo a la edad de 24 años tras una larga enfermedad en 1928 y  su hermana Maria Teresa a la edad de siete años.

La aflicción que embarga al matrimonio, se ve dulcificada en los años siguientes, por el nacimiento de nuevos hijos: Julio, Cristian, Maria Luisa, Pelayo y Lorenzo y por los años felices que pasan en aquella casa construida con tanta ilusión.

Casares, recuerda los más de treinta años vividos en Ciudad Lineal y en los que su mujer María disfrutó de lo que tantas veces había soñado:

Por una cantidad que hoy nos parecería irrisoria, se compraba a plazos un terreno y se edificaba una casita con algo que parecía suntuoso:un jardín y una huerta para uso propio, todo ello al alcance de un joven empleado. Mi mujer realizaría así su sueño de poseer un gallinero y de tener un perro.

 
Fotografía Legado Arturo Soria.
C/Hernández de Tejada nº 6

Cuando terminaba mis quehaceres en la capital, lograba escapar del asfalto y coger una pala y un azadón e iba plantando lo que años más tarde sería un pinar en miniatura: Me sentía feliz y daba gracias al inventor genial de aquel sistema de urbanización, don Arturo Soria, con el que luego habría de mantener una estrecha amistad.

Primeras visitas a Asturias

Mª Luisa Casares Koehler, María Koehler Lucas, Lorenza
Koehler Lucas y Franscisco Carrillo Guerrero.

Una hermana de María, Lorenza Koehler, contrae matrimonio con un joven maestro de enseñanza primaria, Francisco Carrillo Guerrero, nacido en 1879 y natural de Ronda, en la provincia de Málaga, que tras un tiempo en Madrid, es destinado a la villa asturiana de Villaviciosa en el año 1905, ejerciendo como maestro nacional, y desarrollando una amplia labor pedagógica, hasta 1907 que vuelve destinado a Madrid.

En 1908, es destinado de nuevo a tierras asturianas, y concretamente a la localidad de Infiesto, ascendiendo ese mismo año, a la edad de 29 años, al cargo de Inspector Provincial de Enseñanza Primaria. En 1913 su destino vuelve a llevarle a Madrid de nuevo, en calidad de asesor técnico de la Dirección General de Enseñanza Primaria.

Durante su destino como maestro en Villaviciosa, el matrimonio, en sus andanzas y excursiones en el tiempo libre, conoce una pequeña aldea situada en la costa llamada La Isla, y emplazada a pocos kilómetros, de cuya belleza y alrededores quedan prendados.

En 1920 y después de pasar un tiempo alquilando una casa de la aldea, adquieren  y rehabilitan una vieja casa conocida como la «Atalaya», que había quedado muy dañada por un incendio. A partir de ese momento, sus estancias en La Isla son frecuentes, compaginándolas con su destino en Madrid.

El joven maestro continúa su  brillante carrera profesional que le lleva en el año 1922, a su nombramiento como Inspector Jefe de Enseñanza Primaria. Sobresale, dentro de su labor docente, su preocupación por la educación  y bienestar de los niños de familias menos favorecidas, apodándosele en aquellos años: «padre de los niños pobres».

Su implicación en esta tarea, le lleva a la organización de las llamadas «colonias escolares de verano», cuya función, a tal fin, era que los niños, pudieran disfrutar de unos días de descanso junto al mar.

Fruto de esta iniciativa, en septiembre de 1925, el gobernador civil de Oviedo, y a petición de Carrillo, le faculta para la adquisición de  unos terrenos junto al mar en La Isla. Conocidos como «finca Miramar» iban a acoger las instalaciones para las futuras colonias escolares de verano.

La Isla, Colunga. Asturias
Colonias Escolares de verano en La Isla con su fundador Francisco Carillo Guerrero

Ese mismo año, el Director General de Enseñanza Primaria, Don Ignacio Suárez Serrante, en nombre y representación del Estado:

«Hace donación completa e irrevocable de dichas fincas, para ser destinadas a Escuelas Nacionales de niños y niñas del pueblo de la Isla y servir de domicilio a una colonia escolar de verano».

A principios de 1926, comienza la construcción de los edificios de la colonia, compuesta por un magnífico edificio para alojamiento de los niños y maestros que les acompañan, así como una vivienda para los guardeses de la finca, que la habitarían durante todo el año.

Su etapa en la Academia

Al estallar la guerra civil, la familia de Julio y María, se ve obligada a abandonar precipitadamente su casa de Ciudad  Lineal, ante el grave riesgo que corría la vida de todos sus miembros.

El matrimonio y su hija, son acogidos por su hermana Lorenza en su casa de la calle Zurbano de la capital, siendo sus cuatro hijos varones, enviados al amparo de amigos de la familia.

Tuvimos que salir sigilosamente de nuestra casa, abandonándolo todo, y cuando terminado el conflicto volvimos, solo quedaban en pie los muros de ladrillo y en el jardín los tocones de los árboles talados…, recuerda Casares en sus escritos.

Nombramiento y discurso de entrada en la RAE, bajo el título “Nuevo concepto del Diccionario de la Lengua”

A lo largo de 1939 y terminado el conflicto civil, Francisco Carrillo retoma su cargo de Inspector Jefe de Enseñanza Primaria en la capital,  y continúa con la dirección y supervisión de la Colonia Escolar que lleva su nombre, ubicada en el pueblo asturiano de La Isla. 

En diciembre de ese mismo año, Julio Casares es ratificado en su cargo como Secretario Perpetuo de la Real Academia Española de la Lengua, pasando a residir con toda la familia en la vivienda que, por rango, debe ocupar de forma obligada, situada en el edificio sede de la Institución Académica.

La Isla, su lugar de descanso

Colocación de la primera piedra, inmortalizada por Julio Casares, en presencia de su hija Mª Luisa. Agosto de 1942
Asturias. Julio Casares
En la galeria, el lugar más especial para Julio Casares, donde disfrutaba de las vistas al Sueve.

La familia Casares va volviendo a la normalidad, recuperándose de las secuelas que la guerra civil ha dejado en sus vidas. La salud de María Koehler ha quedado muy quebrantada, por los acontecimientos y privaciones vividas, y muy especialmente por la pérdida de sus dos primeros hijos a edades muy tempranas.

Esta situación empuja a Julio Casares, en el verano de 1940, a proponer a su mujer pasar unos días de descanso, en la casa que su hermana Lorenza tenía en La Isla, y así librarse durante un tiempo de los rigores del verano madrileño. Lorenza tenía una estrecha relación con su hermana  y al no tener hijos, sus sobrinos, muy especialmente el más pequeño Lorenzo que era su ahijado, pasaban temporadas con ella.

Corría el verano de 1941, y María, ante la insistencia de su marido, accede a trasladarse unos días a casa de su hermana.

Aquel pueblecito de la costa, cautivó al matrimonio, no solo por la tranquilidad y el benigno clima que disfrutaba, sino por su situación privilegiada, con maravillosos paisajes de mar y montaña. Fue entonces cuando Julio Casares concibe la idea de adquirir un terreno en aquel lugar, y construir una sencilla casa de verano,  que permitiera a su familia, pasar los veranos, alejados del caluroso clima de la capital.

Adquiere a tal fin un terreno situado al mismo borde del mar, ubicado en una zona denominada Pastote por los lugareños, en referencia a ser zona donde se llevaba a pastar a las vacas.

El Pastote finalizado en 1943
Con la diligencia y determinación, que ponía en todas sus decisiones, Julio Casares emprendía en agosto de 1942 y a sus 65 años… la construcción de la casa, con el preceptivo acto de colocación de la primera piedra, contando a tal efecto con la emotiva presencia junto a su familia, de Francisco Carrillo y Lorenza Koehler gracias a los cuales había conocido aquel privilegiado lugar.  

En el verano de 1943, la casa está  terminada siendo disfrutada por la familia.

En la actualidad

Francisco Carrillo y Lorenza Koehler, en su labor de mecenazgo con el pueblo de la Isla, continúan con la iniciativa de crear, la llamada «Institución Escolar Francisco Carrillo», destinada al magisterio de los niños y niñas del pueblo. Al tal efecto construye  en el año 1950, y en terrenos anexos a los de la colonia escolar, unas escuelas conocidas por los lugareños, como «Las escuelinas».

Asimismo sufraga los gastos para la traída de aguas al pueblo, y otras mejoras sociales. Como agradecimiento de sus gentes, la avenida principal del pueblo, se conocerá desde entonces, con el nombre de «Avenida Francisco Carrillo», y una de sus plazas como «Plaza de Lorenza Koehler». 

Las Colonias, en la actualidad
Las Colonias, en la actualidad

Lorenza Koehler fallece en Madrid en 1959, quedando Carrillo los últimos años de su vida al cuidado de su sobrina Francisca, hasta su fallecimiento en Madrid en 1970.

La Colonia Escolar y tras diversas vicisitudes motivadas por sus cambios de propiedad, continúa con su labor hasta final de la década de los años 70.

Posteriormente y hasta el presente, sufre un abandono total, ante la dejación y pasividad de los organismos provinciales y locales responsables de su gestión. En la actualidad, sus instalaciones sufren un lamentable estado de abandono.

En el año 1959, Julio y María donan en vida la casa y terreno de la finca conocida como «El Pastote» a su hija Mª Luisa, quien les acompañó hasta su fallecimiento en 1964 y 1969 respectivamente.

Actualmente, Eduardo y Guillermo, hijos de Mª Luisa, siguen disfrutando de la casa que con tanto cariño construyeron sus abuelos.

Además, ese amor por esta tierra asturiana, se hizo extensible al algunos de sus hijos, Cristian y Julio, quienes tras pasar largas temporadas en «El Pastote»,  construyeron y adquirieron terrenos entre Caravia, Loroñe y Colunga, donde nietos y bisnietos, ya han echado sus raíces en este lugar, tan querido para todos.

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Autor: Eduardo Sierra Casares

Nieto de Julio Casares

Creo, sin lugar a dudas, que las personas  permanecen vivas mientras su memoria continúa presente en nuestro corazón. Tuve la suerte de compartir los últimos años de la vida de Julio Casares y, aunque adolescente en aquellos años, conservo intactos los recuerdos que hicieron de ellos una de la épocas más felices de mi vida.

Estos recuerdos, que quisiera llegar a convertir en una pequeña semblanza del perfil humano de Julio Casares, son el modesto homenaje de su nieto para honrar la memoria y obra de su abuelo.

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