Biografía

Pinceladas de una vida plena

Julio Casares 

Granada, 26.09.1877

Madrid, 01.07.1964

Julio Casares fue un hombre que siempre llevó en su corazón lo que él llama en sus memorias, su “amada Granada” asociada a sus recuerdos familiares y de adolescencia y a la que, muy a su pesar, pocas veces pudo volver. Cuando una vez fue preguntado por su dominio de dieciocho idiomas e inquirido por cual dominaba mejor, respondió con fino humor: Hablar, verdaderamente solo hablo el andaluz, los demás me manejo”.

Pocas veces se dará tan ejemplar unión de dotes excepcionales y abnegada entrega. Julio Casares poseía extraordinaria claridad mental, rápida y certera intuición, curiosidad que le hacía interesarse por cuantas novedades aparecían en los más diversos campos. Su inteligencia aguda y viva, empujada por una voluntad enérgica y flexible a la vez, estuvo puesta al servicio de la lengua española y de su Real Academia.

La música acompañó toda su vida

Su niñez, se inicia a través de la música con el desarrollo de lo que fue la vocación de su vida, auspiciado por la gran vocación musical de su madre:

…hacia los cinco años, recibí como regalo de mi madre, un violín pequeñito, pero que no era de juguete sino un verdadero instrumento”. 

A la temprana edad de 9 años y formando parte de la orquesta del maestro Tomás Bretón, actúa en los conciertos sinfónicos de la Alhambra organizados en Granada, con motivo de las tradicionales fiestas del Corpus:  “Al día siguiente, el fundador y director de El Defensor de Granada D. Luis Seco de Lucena, me dedicó en su periódico un largo artículo en el que figuraban frases como “niño prodigio y futura gloria de Granada”.

Su vocación musical, culmina con la obtención a los 19 años del premio extraordinario  fin de carrera en la especialidad de violín en el  Conservatorio de Madrid, también conocido en aquélla época como Escuela Nacional de Música y Declamación. Su breve incursión, como músico profesional en la Orquesta de Teatro Real en calidad de primer violín a la edad de 20 años, daría paso a las actividades profesionales que conformaron su vida: diplomática y académica.

Único retrato que se conserva de su época adolescente cuando fue nombrado primer premio de violín en la Escuela de de violín de Música y Declamación.
Fotografía archivo ABC. «Introducción a la música japonesa»  Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). 1942.

 

El violín fue su inseparable compañero de fatigas y alegrías, aprovechando cualquier oportunidad para deleitar con su arte a muy variados auditorios. Desde su primer destino diplomático como “joven de lenguas “ en Japón, hasta sus años de madurez como Secretario perpetuo de la Real Academia Española, cultivó su pasión por la música, llegando a hacer diferentes conferencias e incluso una breve incursión en la composición musical con su “Ave María” para coral,  estrenada por la Capella Classica de Palma de Mallorca el 17 de Noviembre de 1946 obtuvo, un gran reconocimiento por parte de público y crítica.

Ya en 1942 mostró su manejo del violín cuando en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), durante su conferencia «Introducción a la música japonesa»  interpretó sus propias pieza musical. 

 

 

Como políglota Casares, podía hablar en latín, alemán, japonés…. cuando ceñía sobre su cuello el violín y esgrimía con su mano derecha el arco, todas las lenguas se reunían en sus cuerdas, donde un arpegio valía más que un párrafo.

Diplomático

 

Su efímera etapa como músico profesional da paso, a su ingreso en Enero de 1897 en la carrera diplomática, donde por oposición, accede a la categoría de “joven de lenguas” en el Ministerio de Estado. Es destinado a la Escuela de Lenguas Orientales de París para realizar el aprendizaje del japonés, completando en año y medio, los tres cursos que conformaban la especialidad, obteniendo la calificación final de “très bien”, hecho sin precedentes, y que consta en los anales de dicha Escuela.

En Agosto de ese mismo año, es destinado por Real Orden a prestar sus servicios como agregado cultural en la Legación Española en Tokio, tomando posesión de su cargo el 6 de Diciembre.

El emperador Mutsuhito (1852-1912), artífice de la histórica transición del Japón feudal a las culturas occidentales, y reconocido por su espíritu de apertura y modernización, reconoce al joven diplomático su aportación y conocimientos en esta tarea, otorgándole a sus 21 años una de las más altas condecoraciones del imperio, el Tesoro Sagrado del Japón. En Abril de 1900, cesa en su cargo a petición propia por motivos de salud  y regresa a España. Prosigue su carrera diplomática en el Ministerio de Estado dentro de la Interpretación de Lenguas, obteniendo en sucesivas oposiciones los cargos de Intérprete de tercera y de segunda clase, llegando a constatarse su dominio de 18 idiomas en los certificados del Ministerio.

Sociedad de Naciones de Ginebra

El 6 de Septiembre de 1915 a la edad de 37 años, y por Real Orden firmada por el rey Alfonso XII, es nombrado Intérprete de Primera clase con la categoría de Traductor Jefe de la Interpretación de Lenguas del Ministerio de Estado.

Durante los siguientes años, realiza una intensa labor diplomática, siendo comisionado por el Gobierno de la Nación en diversos organismos, dependientes de la Sociedad de Naciones de Ginebra. Forma parte de la Delegación Española en la V Asamblea de la Sociedad de Naciones celebrada en Septiembre de 1925. En dicha asamblea se aprueba por unanimidad, la conocida como “Proposición Casares”, relativa a unificar en los manuales escolares de la enseñanza en sus distintos grados, la elaboración de textos que ofrecieran a la juventud, los caminos de progreso moral y científico, rectificando cualquier germen de incomprensión y odio entre las Naciones.

Comisión Internacional de Cooperación Intelectual

En 1931 preside en París la reuniones del Instituto Internacional de Cooperación Intelectual como Delegado del Gobierno Español, en el que las Instituciones representadas se pusieron de acuerdo, por unanimidad, acerca de un reparto del trabajo en lo que concierne a los diversos puntos del programa elaborado por la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual, en orden a la protección de los derechos intelectuales: derechos de autor en las audiciones mecánicas, derechos de los ejecutantes, derechos de continuación en favor de los autores de obras intelectuales que sean objeto de ventas sucesivas, adaptación de los Convenios de Berna y de la Habana sobre los derechos de autor, derechos de los sabios sobre la explotación de sus descubrimientos, y condición jurídica de las asociaciones y fundaciones internacionales.

En 1935 es nombrado por aclamación entre los delegados de cuarenta Gobiernos, Presidente de la IV Conferencia Internacional de Instrucción Pública celebrada en Ginebra. En Octubre de 1947, y por cumplir la edad reglamentaria, accede a la jubilación tras cincuenta y un años de servicio de su cargo en la Interpretación de Lenguas, siendo distinguido por el Gobierno en atención a sus méritos, con el nombramiento de Traductor Jefe Honorario de la citada Interpretación de Lenguas. 

En la foto Albert Einstein (sentado en la mesa en la izquierda de la foto, al exterior, el tercero), Leopoldo Lugones (escritor argentino), Jules Destrée, Gilbert Murray, Gonzague de Reynold (un suizo).  Por la presencia de Einstein, Julio Casares fue invitado como substituto para Torres-Quevedo, posteriormente elegido miembro oficial de la comisión.

“Tengo tras de mí una existencia, que sin ser corta, resulta más ancha que larga por la variedad heterogénea de mis experiencias y actividades, y por el contraste en que estas se han desenvuelto. He viajado por cuatro continentes, he cruzado los mares en sórdidos barcos de carga y en los más suntuosos trasatlánticos; he comido nidos de golondrinas y he asistido a banquetes imperiales; he bebido en el Quai d´Orsay  los mejores vinos del mundo cuyas marcas  revelaba sigilosamente a los comensales, como una consigna sagrada un mayordomo majestuoso; he alcanzado distinciones y honores a que nunca aspiré y he gozado, en fin, de cierto renombre y de esa notoriedad discreta que halaga sin cohibir demasiado.

Suele decirse que ha llenado dignamente su vida el que ha tenido un hijo, ha escrito un libro, ha plantado un árbol y ha construido una casa. Si alguien quiere medirme con este patrón , verá que he cumplido ampliamente el programa.”

Fotografía archivo familiar Julio Casares. La música unió sus vidas, con su mujer María Koehler.

“Un día entró a sufrir el examen de ingreso una señorita rubia, alta y delgada que me pareció diferente de todas las demás. Yo no habría sabido decir exactamente donde estaba la diferencia. Después lo he averiguado: aquella muchacha de ojos azules estaba destinada a ser mi mujer”.

Faceta familiar

 

La casa en la que vine al mundo, estaba situada en una calleja tortuosa, que corría entre El Campillo y la plaza del Carmen. Después vivimos en la calle Tundidores con balcones al Zacatín”.

 Su vida familiar, se desarrolla durante sus años de infancia y adolescencia, en la ciudad que le vio nacer en 1877, Granada, en el seno de una familia numerosa. 

 A la edad de 14 años, y condicionado por la necesidad de comenzar sus estudios musicales en el Conservatorio, se traslada a vivir a Madrid, acompañándole al poco tiempo toda la familia. Esta etapa abarca sus estudios de violín, compaginados con la carrera de Derecho, y su breve incursión como músico profesional en la orquesta del Teatro Real.

Su ingreso por oposición en la carrera diplomática con 20 años y su posterior destino a Japón, deciden al joven diplomático, a casarse por poderes, con su entonces joven pareja María Koehler, de origen alemán, la cual conoció en sus años de Conservatorio. De regreso de su destino se casa por la iglesia en Madrid en 1902, a la edad de 25 años. 

 

Para iniciar su vida familiar, y animado por su buen amigo Arturo Soria,  se decide a comprar una casa con un pequeño jardín, en la incipiente Ciudad Lineal, que le permita descansar alejado del bullicio de Madrid y de sus largas jornadas de trabajo en sus labores diplomática y académica, cumpliendo a la vez el pequeño sueño de su mujer de tener un jardín con su pequeño huerto.

Durante esta etapa asiste al feliz nacimiento de sus hijos, y al dolor de la muerte prematura de dos de ellos. La irrupción de la guerra civil, aborta cruelmente estos años felices. Desposeído de sus bienes y de su trabajo, afronta una triste etapa familiar. La finalización del conflicto, le devuelve sus cargos pero no sus bienes, siendo muy dolorosa para él, la visita a los restos del que fue su hogar en la Ciudad Lineal.

Fotografía archivo familiar Julio Casares. Tuvo 7 hijos, en la foto: Mª Luisa, Julio, Cristian, Pelayo, Lorenzo, Teresa* y Guillermo*. *Fallecidos a la edad de 7 y 26 años.

 

Fotografía Archivo ABC. Entierro de Julio Casares en los Iglesia de los Jerónimos (1964).

 

Pese a los duros años sufridos, y para revitalizar la maltrecha salud de su mujer, emprende la tarea de construir una pequeña casita frente al mar, en una bonita aldea de la costa asturiana, y a la cual iba todos los veranos, escapando de los calores madrileños.

Se establece con domicilio familiar, en la vivienda situado en el edificio de la Real Academia de la Lengua, y que por su cargo de Secretario perpetuo le correspondía, ocupándola hasta su fallecimiento en 1964 a los 87 años.

¿Quieres saber más sobre la biografía de Julio Casares?

Toda la información en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia. 

Por Jorge Martínez Montoro

Galería fotográfica de su faceta más familiar

Fotografías pertenecientes al archivo familiar de Julio Casares

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