El día que conocí a Julio Casares

por Rubén Fernández Fernández-Pacheco

Consultor de Experiencia de Usuario, lector empedernido, apasionado de la poesía y de la canción de autor. En su tiempo libre escribe.

Como todas las cosas mágicas que suceden en la vida, el día que conocí a Julio Casares fue un poco de casualidad.

Hablando de otra cosa, así de repente, su bisnieta, María Sierra me empezó a contar. Mi padre, me dijo, está recuperando y poniendo en valor la historia de su abuelo, y yo le ayudo. Poco a poco, sus palabras iban dejando mi boca abierta, ¿recuerdas el Moliner, el diccionario? Sí claro, le respondí, ¿Y el Casares? Me suena. Pues el Casares lo hizo mi bisabuelo, un diccionario ideológico, en el que se asocian las ideas, las palabras.

Mientras María me empezaba a hablar y me daba a poco a poco pistas sobre la impresionante obra y vida de su bisabuelo; yo ya estaba soñando despierto. Por un momento me estaba empezando a sentir David Zimmer, el protagonista de la maravillosa obra del neoyorquino Paul Auster, El libro de las ilusiones. En la historia de Auster, el protagonista, que vive una situación personal complicada, descubre la figura de Hector Mann, un actor de cine mudo desaparecido en los años 20. Al descubrirlo, Zimmer decide ocupar todo su tiempo en recuperar la figura del desaparecido actor, investigando, buscando y viendo todas sus películas y escribiendo un libro sobre ellas.

Hasta que descubrí a Julio Casares, pensaba que historias como la de David Zimmer ya no eran posibles en la vida real; pero no, afortunadamente sigue habiendo historias absolutamente impresionantes que merece la pena ser rescatadas, para el disfrute de todos.

María seguía y la historia cada vez me parecía más poética e increíble. Excelso violinista ya con 9 años, políglota, diplomático, secretario perpetuo de la RAE. No sé sinceramente qué es mas apasionante en la vida de Julio Casares, si su vida o su obra; evidentemente ambas, pero quizá siendo egoísta, me quedo con su legado, con un regalo, como es el Casares, para escritores y apasionados de las letras. Pero, lo que me estás contando, dije yo, ¡es una historia que merece ser llevada al cine! Y sí, es así, figuras como la de Julio Casares, vidas como la suya, siento que tienen que ser conocidas por tantas y tantas razones, siendo un regalo de un valor incalculable.

Un legado que afortunadamente nos está compartiendo su familia. En los próximos días, tendremos la suerte de disfrutarlo a través de una exposición en la biblioteca María Zambrano, del 15 de enero al 13 de febrero; en la que podrán conocer la vida de una persona extraordinaria, de otro mundo, absolutamente increíble e inimaginable. Sin duda, esta exposición, si no conocen a Julio Casares, les servirá para convertirse en protagonista del libro de Paul Auster durante el tiempo que ustedes quieran …

 

Escribo estas líneas con la amargura de no haber podido conocer a una persona como Julio. Eso sí, le quito la razón en algo. Don Julio decía que “Lo que quede de mis trabajos no tendrá nunca importancia suficiente para que las gentes pierdan el tiempo en enterarse de cómo era Julio Casares, si es que se acuerdan de mi nombre”; aquí Julio se equivocaba, con todos mis respetos, porque gracias al trabajo de su nieto y bisnieta no sólo ha llegado a mí su nombre, sino una historia apasionante que me ayuda a reencontrarme con la enorme sensación de que no todo está descubierto no todo está escrito, y que todavía quedan historias por las que merece la pena vivir con los ojos abiertos y estar preparados para escribir nuevos capítulos en nuestras vidas.

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