Biografía

Pinceladas de una vida plena

Casares Sánchez, Julio. Granada, 27.09.1877 – Madrid, 01.07.1964. Lingüista y Diplomático.

Tengo tras de mí una existencia, que sin ser corta, resulta más ancha que larga por la variedad heterogénea de mis experiencias y actividades, y por el contraste en que estas se han desenvuelto. He viajado por cuatro continentes, he cruzado los mares en sórdidos barcos de carga y en los más suntuosos trasatlánticos; he comido nidos de golondrinas y he asistido a banquetes imperiales; he bebido en el Quai d´Orsay  los mejores vinos del mundo cuyas marcas  revelaba sigilosamente a los comensales, como una consigna sagrada un mayordomo majestuoso; he alcanzado distinciones y honores a que nunca aspiré y he gozado, en fin, de cierto renombre y de esa notoriedad discreta que halaga sin cohibir demasiado.

Suele decirse que ha llenado dignamente su vida el que ha tenido un hijo, ha escrito un libro, ha plantado un árbol y ha construido una casa. Si alguien quiere medirme con este patrón , verá que he cumplido ampliamente el programa.

Julio Casares

Extracto de sus Memorias

 Cronología

1886 – A la edad de nueve años ofrece un concierto de violín en el Teatro Principal de Granada

1891 -1896 – Traslado a Madrid para cursar la carrera de Derecho, compaginándola con los estudios de violín en el Conservatorio, donde comparte el aprendizaje con Pablo Sarasate y Pablo Casals. Obtiene el primer premio de violín y es nombrado primer violín de la Orquesta del Teatro Real.

1896 – A la edad de 19 años, ingresa  por oposición en el Ministerio de Estado siendo nombrado Joven de Lenguas.

1897-1898 – Comisionado por el Ministerio de Estado, es enviado a la Escuela de Lenguas Orientales de Paris para el aprendizaje del japonés, en un curso de tres años de duración .Realiza el aprendizaje en año y medio, hecho sin precedentes en la historia de dicho centro.

1898 – En el mes de Agosto, es enviado por el Ministerio de Estado con destino a la legación diplomática en Tokio, compaginando sus trabajos diplomáticos con actividades musicales ( concierto de violín en Singapur y trabajos sobre música japonesa para violín). Durante su estancia  contrae matrimonio por poderes con Maria Koehler Lucas a la que había conocido durante sus estudios en el Conservatorio de Madrid, donde cursaba la carrera de piano en la que obtuvo el título con la calificación  de “virtuosismo”.

1900– Regreso a  España continuando sus trabajos en la Interpretación de Lenguas de Ministerio de Estado, donde en diferentes certificados del citado Ministerio, se acredita su conocimiento y dominio de hasta 18 idiomas : inglés, francés, alemán, portugués, italiano, holandés, danés, noruego, japonés, ruso, griego, húngaro, rumano, árabe, latin, sueco ,serbio, croata y polaco.

1910– Ingreso por oposición en la Secretaria del Congreso de los Diputados.

1915– A la edad de 38 años es nombrado Jefe de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Estado.

1921– Ingreso como académico de número en la Real Academia Española de la Lengua (RAE). Silla J.

Tomó posesión el 8 de mayo de 1921 con el discurso titulado “Nuevo concepto del diccionario de la lengua”. Le respondió, en nombre de la corporación, Antonio Maura y Montaner.

1924– Nombramiento por parte del Gobierno Español como delegado  en la Sociedad de  Naciones de Ginebra (SGN).

1926–  Nombramiento por parte de la Asamblea de la Sociedad de Naciones de Ginebra como miembro de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual (CICI), y presidente del Instituto de Cooperación Intelectual con sede en París.

1936– Nombramiento como secretario accidental de la RAE.

1939– Nombramiento como Secretario Perpetuo de la RAE.

1942– Sale a la luz su obra cumbre “Diccionario Ideológico de la Lengua Española”

1942- 1964

Continúa sus trabajos dentro de su condición de Secretario Perpetuo de la Real Academia Española de la Lengua, impulsando los trabajos para la edición del Diccionario Histórico y creando dentro de la casa el Seminario de Lexicografía.

Colaborador en diferentes medios; ABC con su conocidos artículos de la “tercera” “La Academia Española  trabaja”; Consejero –director de la revista Selecciones del Reader,s Digest; Director del Instituto Cervantes de Filología Hispánica etc.

Poseedor de diversas condecoraciones y reconocimientos internacionales; gran Cruz de Isabel  La Católica; caballero de Honor de la Legión Francesa : Gran cruz de la orden de Malta etc

1964  Muere en Madrid a los 87 años de edad, trabajando hasta el último momento en su cargo de Secretario Perpetuo de la RAE.

Nació en el seno de una familia de clase media, siendo el segundo de cinco hermanos. En la ciudad de la Alhambra permanecerá hasta su marcha a Madrid en los últimos meses de 1892.

Casares fue un destacado estudiante, obteniendo la calificación de sobresaliente en Bachillerato; será, sin embargo, la música la actividad que le encumbra desde muy pronto: a los 9 años da su primer concierto de violín en público en el Teatro Principal de Granada y por ello el diario El defensor de Granada lo denomina como “niño prodigio”.

Precisamente será el deseo de explotar las cualidades de su hijo lo que animará a los padres de Casares, Guillermo y Dolores, a trasladarse a Madrid. En la capital podría compaginar sus estudios musicales con la carrera de Derecho, que había comenzado en su ciudad natal matriculándose en el primer curso de esta licenciatura así como en dos asignaturas ajenas a la misma: “Metafísica” y “Literatura general y española”, dato que habla por sí solo del interés de Casares por el conocimiento, cualquiera que fuera la disciplina. Este hecho es crucial para entender el posterior dominio de la ciencia lingüística por Casares aunque fuera, eso sí, de aprendizaje autodidacta.

Pero la inquietud del granadino no cesa y una vez asentado en la capital del país, no sólo continuará con los estudios universitarios y con el perfeccionamiento en materia musical – sigue la carrera de violín guiado por los maestros Monasterio y J. del Hierro, y también inicia el aprendizaje de música de cámara −, sino que comienza desde muy pronto a interesarse por los idiomas, asistiendo a clases de alemán desde su primer año en Madrid.

A pesar de sus mencionadas virtudes musicales, que le valieron por cierto para que le fuera concedido el primer premio de violín del Conservatorio de Madrid así como para formar parte de la orquesta del Teatro Real desde los dieciocho años −siendo intérprete de la misma estrenó, entre otras obras, El buque fantasma de R. Wagner −, pronto dejará en un segundo plano esta dedicación para centrarse de lleno en los idiomas y la diplomacia, hecho al que contribuyó la prosperidad económica que

Conferencia concierto en el Centro María Guerrero. “La música del aficionado”

prometía un trabajo fijo relacionado con ellas. Sin embargo, y nos parece significativo recordarlo, nunca se olvidó de su temprana pasión musical realizando algunas investigaciones notables sobre música japonesa – publicadas en la revista Annales de L´Alliance Scientifique, en 1898 −, así como composiciones musicales a lo largo de su vida − como muestra, indicamos que en 1946, ocupando su tiempo en actividades nada relacionadas con su temprano afán, dio una conferencia-concierto en el Centro María Guerrero, de cuyo título (“La música del aficionado”) se deduce claramente que, en este momento, la música es ya para Casares un divertimento.

Como habíamos advertido anteriormente, el interés de Casares por los idiomas – además de continuar aprendiendo alemán, comienza clases de inglés, lo que se une a su conocimiento del francés, obligatorio entonces en los estudios primarios y secundarios −, le hará inclinarse profesionalmente hacia esta faceta, dejando inacabada incluso la carrera de Leyes. Los acontecimientos ocurrieron de este modo: en 1896, el Ministerio de Estado (actual Ministerio de Exteriores) convocó oposiciones para “Joven de lenguas”, pintoresco nombre con el que se permitía a un número selecto de jóvenes iniciar la carrera diplomática. Casares es uno de los elegidos y, tras obtener la plaza, se marcha a París, a la Escuela Superior de Lenguas Orientales, en donde aprenderá japonés. Para completar sus estudios sobre esta exótica lengua, se estableció en el país del sol naciente durante dos años.

Antes de que acabe el siglo XIX ya se encuentra Madrid buscando otro medio de subsistencia debido a que, según palabras literales del granadino, ‹‹los idiomas dejaron de ser un medio para continuar la carrera diplomática››. Tras aprobar unas oposiciones a Correos y Telégrafos, cargo que nunca llega a ejercer, se presenta poco después a otra prueba de selección, en este caso, de Interpretación de Lenguas (concretamente sobre traducción de lenguas escandinavas), organismo dependiente del Ministerio de Estado. Otra vez logrará la plaza – conforme al fin, sí la ocupa –, siendo poco después reconocida su profesionalidad: es ascendido, en 1915, a Jefe de Interpretación de Lenguas. Este puesto lo ejerció hasta 1947, fecha de su merecida jubilación. Sin embargo, su paso por el Ministerio no es en balde puesto que tras su marcha se le honra con el nombramiento de Jefe honorario de la Interpretación de Lenguas. Por otra parte, siguió profundizando en el estudio de otros idiomas, llegando a poder expresarse y comprender en dieciocho.

En las primeras décadas del siglo XX, desarrollará otra inquietud con la que obtendrá prestigio en el mundo cultural madrileño: la crítica literaria. Fruto de esta actividad – desarrollada gracias a la lectura de obras clásicas y modernas tanto de la literatura española como europea –, es la publicación de Crítica profana (1916), obra en la que enjuicia el estilo y estética literaria de tres ‹‹jóvenes maestros››, en palabras del autor, de la literatura española: R. León, Valle Inclán y Azorín. Con estos ensayos, en los que trata Casares de mostrar los resultados de sus lecturas personales, se le abren las puertas de muchos periódicos nacionales que requieren su colaboración. Sin embargo, no buscó con esta publicación ni la fama ni el reconocimiento: ‹‹Yo no soy literato ni crítico. Mientras fui mozo, alterné los estudios del bachillerato con la lectura de las novelas modernas y de las inevitables obras clásicas […]. Ahora, en mis cortos ocios, vuelvo a leer como antes, pero con un lápiz en la mano. ¿Podrán interesar a los profesionales de la literatura o al público las observaciones de un profano?››.

Introducción a la lexicografía moderna Julio Casares

Dentro de esta línea se encuentra también el libro titulado Crítica efímera (1919) que, igualmente, contiene artículos de crítica literaria contemporánea; en esta ocasión trata Casares sobre otra serie de escritores: Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, G. Miró, J. R. Pérez de Ayala y M. de Unamuno. Al igual que con la música, sus diversas obligaciones no le llevaron a olvidarse de la faceta de crítica literaria, siendo elegido años más tarde por la Academia de la Lengua para responder a W. Fernández Flórez en la sesión de ingreso del autor de El bosque animado. Para tal ocasión realizó Casares el ensayo titulado “El humorismo”. Además, con motivo del III Centenario del nacimiento de Cervantes realizó una nueva aportación, “Las tres edades del Quijote”, en la que combina el juicio literario con la filología.

 

La faceta de escritor de Casares se completa con las colaboraciones periodísticas, que comienzan en los primeros años del siglo pasado, y que le posibilitarían estampar su firma en algunos de los periódicos de mayor tirada del país: ABC, La Nación y La Acción. Los temas de sus artículos son de índole diversa, aunque la principal preocupación de las reflexiones periodísticas de Casares es desde el principio la lengua: desde la tribuna de prensa quiere llamar la atención sobre incorrecciones ortográficas, léxicas y gramaticales comunes en su época. Estos artículos serán recopilados posteriormente por el granadino en varios libros junto con otros escritos ocasionales: El humorismo y otros ensayos (1941), El diccionario como instrumento y el diccionario como símbolo (1942), Divertimentos filológicos (1947), Cosas del lenguaje (1961) y Novedades en el diccionario académico (1965).

Aún en las dos primeras décadas del siglo XX y a posteriori, Casares todavía tiene tiempo para comenzar a interesarse por la lexicografía, tras la publicación de dos diccionarios bilingües: Nuevo diccionario Francés-Español y Español-Francés (1911) y Diccionario breve Francés- Español y Español-Francés (1921), y posteriormente, Novísimo Diccionario francés-español y español-francés (1925) y Novísimo diccionario inglés-español y español-inglés (1940).

La Academia Trabaja

Toda esta rica y variada actividad, le llevará a ser propuesto como académico de la Real Academia de la Lengua para cubrir la vacante de D. Augusto González Besada. Sus valedores fueron tres laureados personajes de las letras españolas: el Marqués de Villamediana, R. Menéndez Pidal y R. León. El 7 de noviembre de 1919 es aceptado como miembro de la regia Institución, ocupando el sillón J. La labor del granadino en la Academia será espléndida, puesto que además de colaborar en múltiples empresas de la Corporación − revisó la 2ª edición del Diccionario Manual, fue redactor del primer Diccionario histórico de la lengua española, puso por escrito las directrices para las Nuevas normas de Ortografía y Prosodia, coordinó e impulsó el segundo Diccionario histórico de la lengua española (esta última actuación en su conocida obra Introducción a la lexicografía moderna) −, y ostentar cargos de responsabilidad − Secretario desde 1936 y Secretario Perpetuo a partir de 1939, primer Director del Seminario de Lexicografía, miembro de la Comisión de Gramática −, fue un decidido defensor de la Corporación. Así, dedica parte de su tiempo a hacer partícipe al público de las decisiones significativas sobre el léxico tomadas en el seno de la misma. Sus aportaciones para el correcto uso del idioma, destinadas al público general, siguen teniendo el mismo carácter didáctico pero ahora están respaldadas por la RAE. Buena prueba de ello es la serie de artículos “La Academia trabaja”, publicados desde 1959 a 1963 en el diario ABC y vueltos a editar, tras una selección del propio Casares, en 1965. Además, desde su puesto de Secretario fomentó la relación con el resto de Academias de la lengua asociadas logrando una cordialidad desconocida hasta entonces, como se pone de manifiesto en esta misiva de 1960 firmada por la Academia Argentina: ‹‹Es evidente para quien conozca las diversas circunstancias por las que han pasado las relaciones entre las Academias de la lengua española, que jamás fueron estas tan cordiales y fructíferas como en el último cuarto de siglo y no hay duda de que ello se debe principalmente a la prudentísima y tesonera eficiencia con que Ud., durante tantos años [25], ha sabido lograr no sólo la comprensión y en muchos casos la colaboración de las Academias hispanoamericanas, sino también la amistad y el admirativo apoyo de las personas que la constituye››. D. Rafael Lapesa, por su parte, resumió el significado de Casares para la Corporación lingüística: ‹‹La actividad toda de este hombre estaba puesta al servicio de la lengua española y de la Academia››.

Las labores como académico, sobre todo en los primeros años, no le impidieron continuar con su ascendente carrera diplomática. Desde 1921 es el Delegado español en la Sociedad de Naciones – antecedente de la ONU. Su presencia en esta institución fue relevante, siendo elegido por este Organismo para desempeñar diversos cargos, en su mayor parte relacionados con la cultura; concretamente, en los departamentos de Interpretación de Lenguas y de Relaciones culturales: formó parte de la Comisión de Cooperación Intelectual, fue Director de la “Revue Pedagogic”, órgano informativo de la Sociedad de Naciones, y presidió congresos internacionales, como el de la Propiedad Intelectual de Enseñanza pública. Sin embargo, su mayor logro como miembro de la Sociedad de Naciones fue lograr la armonía mundial en materia de estupefacientes con el Tratado Internacional sobre la prohibición de estos productos que, de hecho, se denominó Julio Casares.

El académico granadino fue miembro de la Sociedad de Naciones hasta la renuncia de España a seguir formando parte de la misma en 1939. En realidad, el abandono de otras muchas naciones, unido a ciertos cambios en el orden mundial vigentes desde el Pacto de París (1949), aconsejaron la definitiva disolución de este organismo internacional cuyos fundamentos y objetivos eran, por otra parte, similares a la organización mundial que la sustituyó: la ONU.

A pesar de las responsabilidades acumuladas por su trabajo en el Ministerio de Exteriores, la pertenencia a la Sociedad de Naciones y a la RAE, aún tuvo tiempo Casares para conseguir una vieja aspiración: la publicación de un diccionario ideológico del español auspiciada por una estructuración rigurosamente científica: el Diccionario ideológico (de la idea a la palabra y de la palabra a la idea). Como el mismo autor relata en el artículo “Un inventario del idioma (génesis, calvario y epifanía)”, la utopía que se trazó parecía tener un final feliz en 1936 tras 22 años de intensísimo trabajo con jornadas agotadoras de hasta 12 horas diarias. Además, había encontrado en el editor Gustavo Gili un apoyo firme para la publicación de su diccionario tras ver cómo se le cerraban muchas puertas de editoriales que no confiaron en la realización en la obra.

El estallido de la Guerra Civil truncó el lanzamiento de la prevista tirada de 16000 ejemplares. El ansía de destrucción y violencia injustificada que supuso el conflicto no perdonó a Casares – que fue perseguido durante el mismo, debiendo permanecer escondido durante algún tiempo −, ni a su diccionario. La narración del momento en que, finalizada la guerra, regresa nuestro personaje al lugar tangible de su esfuerzo habla por sí sola: ‹‹cuando, al día siguiente de la liberación me acercaba con el corazón encogido a lo que había sido mi hogar, aún se veían a derecha e izquierda del camino, esparcidas como hojas secas de un otoño maldito, mis pobres papeletas, descoloridas y arrugadas…››.

Tras estos sucesos, Casares estaba decidido a renunciar a su obra más personal. Entonces, la aparición de Gustavo Gili será, de nuevo, crucial: el editor catalán había podido salvar todo el material del diccionario que se hallaba en su poder y que, a pesar de las pérdidas económicas, dotó al granadino del material necesario para la culminación del diccionario. Otros tres años de intenso trabajo permitieron que al fin, en 1942, fuera publicado uno de los mayores logros de la lingüística española en el siglo XX.

Por lo demás, la sapiencia de Casares, reflejada en sus escritos científicos y en su labor divulgativa en la prensa diaria, hizo de él una figura relevante de la vida cultural española del momento. A pesar de no ser un lingüista de carrera, aunque sí de profesión, elaboró discursos de diversa temática lingüística, para los diferentes acontecimientos en los que se requería su colaboración: III Centenario del nacimiento de Cervantes (“Las tres edades del Quijote”), lección final del curso de 1953 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (“La unidad de la lengua en los pueblos hispanos”), etc. Además, fue nombrado presidente de tribunales a Universidad, fue Director del Instituto Miguel de Cervantes y Secretario de la Comisión hispanoamericana del CSIC.

Según las crónicas de los periódicos, Casares falleció en su propia casa – situada en la misma Academia, en la Calle Felipe IV, número 4 −, tras una repentina enfermedad. En el momento del suceso se encontraba rodeado del cariño de su familia más cercana. Así lo contó el diario Madrid: ‹‹ayer, en sus habitaciones de la calle de Felipe IV, número 4, sede de la Real Academia Española, de la que era secretario perpetuo, falleció don Julio Casares, a consecuencia de un coma cerebral producido por una embolia. En el momento del fallecimiento se encontraban junto a él sus hijos Julio, María Luisa, Cristian, Pelayo y Lorenzo, su hijo político Eduardo Fierro, y su secretario, Emilio Arranz››.

Biografía de Julio Casares Sánchez “. Diccionario Biográfico Español. Vol. XII: De “Carvajal Ferrer” a “Cazalla, Juande”. 2010. Jorge Martínez Montoro 

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